sábado, 6 de marzo de 2010

JOSE SAMBADE,ENTRENADOR DE PORTEROS DEL DEPORTIVO DE LA CORUÑA, ORGULLOSO DE ARANZUBIA Y MANU FERNANDEZ


El principal argumento del éxito del Dépor, que cumple veinte semanas seguidas en puestos europeos, se basa en la fortaleza de su retaguardia. La labor de unos zagueros capaces de marcar diferencias en su propia portería y también en la contraria se ve refrendada por la de los guardametas, pues completa gran parte de los entrenamientos ejercitándose aparte, bajo la supervisión de un preparador específico. El coruñés José Sambade explica las claves de su trabajo.
El vídeo
El entrenador graba con una pequeña cámara algunos de sus entrenamientos. «Me gustaría hacerlo en todos, pero no se puede», afirma. La lluvia o la tarea de la jornada se lo impiden muchas veces, aunque también Javier Rego, el utillero, ha ejercido de improvisado cámara. Las imágenes cumplen una doble función. Así lo explica Sambade: «Para organizarme las tareas, y también para ellos, para que vean cómo ejecutan los movimientos y analizar errores y aciertos». Todas las semanas estudian sus ejercicios y acciones de sus partidos (junto al resto de la plantilla y, en ocasiones, de forma individual) o cortes de otros encuentros, incluso de ligas extranjeras. Nunca son más de ocho minutos de imágenes y, con la charla posterior, la actividad no se prolonga más de veinte minutos. «La intención es que crean en el trabajo que hacen y que sean críticos consigo mismos», incide.
El aspecto mental
Sambade asegura que la psicología se aborda de forma encubierta. «El puesto de portero tiene una personalidad muy marcada. Es el futbolista más especial: viste diferente y también sus reglas son diferentes», subraya. Por eso, el entrenador cree que deben estar preparados para vivir con el error -«eso no se entrena, viene de serie», agrega- y, por eso, les exige la máxima concentración en los entrenamientos. «Lo peor de un error no es el error en sí, sino la siguiente acción», afirma.
Imitar la competición
Sambade se esfuerza por que sus porteros se encuentren a diario con las condiciones más parecidas posibles a las que tendrán que superar en el partido. Y a fe que lo logra, pues los rostros de Aranzubia, Manu y Marcos Valín son a menudo los más sudados del vestuario. Acaban de sufrir las diabluras de balones lastrados, más pesados o más ligeros, incluso piramidales. En otras ocasiones, el técnico les dificulta la visión al colocar obstáculos en su camino. «Mi intención es dotar de más dinamismo al trabajo, incrementar su motivación y que el trabajo sea más divertido y más variable», señala. Uno de los ejercicios más repetidos durante la pasada semana de temporal fue el trabajo sobre una lona de plástico, mojada por la lluvia, donde el balón se deslizaba hasta convertirse en un auténtico misil. «Era una tarea de velocidad. La pelota se deslizaba como en una especie de aquaplaning . Se acelera tanto que incluso el bote es diferente, va haciendo como una especie de aquaplaning y se complica mucho blocarla, claro», explica.
La confianza de Aranzubia
«Muchos me preguntan qué le hemos dado a Aranzubia y yo siempre respondo lo mismo: minutos, porque él ya tenía las condiciones», destaca Sambade, quien señala que el portero titular del Dépor «domina todos los aspectos del juego, pero también por eso sabe que puede mejorar en todos». El juego del riojano, que salió del Athletic por la puerta de atrás, no ha experimentado grandes cambios en A Coruña. «Siempre hay pequeños detalles físicos o técnicos a pulir que pueden volverse grandes de cara al exterior», dice.
Manu, más que un suplente
«Manu juega un papel importante, porque determina el nivel de entrenamientos, y así crecen los dos de la mano», elogia Sambade, que se declara encantado con su jugador.«Tiene el perfil ideal de segundo portero, porque es para el presente y el futuro», afirma.
Fuente: La Voz de Galicia .es

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