domingo, 22 de abril de 2012

JHON THOMSON, PRINCE OF GOALKEEPER HASTA SUS ULTIMAS CONSECUENCIAS

John Thomson: El príncipe de la portería que no alcanzó la corona
Pancarta de homenaje a Thomson en un Celtic Motherwell, en septiembre de 2011.
El fútbol satisface ciertas necesidades. Más allá del mero hecho del deporte, el fútbol y los clubs ayudan a las personas a que se sientan partícipes de un colectivo, a formar parte de una familia integrada por gente diferente, de distintas razas, culturas y sexo. Tienen en común, la elección del club, el estrechamiento de los lazos con una comunidad guiada por el corazón, la sinrazón y el instinto de animar a un conjunto que les representa. Serán decepcionados por sus derrotas, saltarán con sus victorias, y llorarán sus muertos. Es la muerte, paradójicamente, la que vuelve a la vida a esos aficionados, la que permite ver que, por encima de toda rivalidad, pasión y sesgo, están las personas. El fútbol moderno ha perdido parte de encanto del antiguo, la fidelidad brilla por su ausencia, el culto degenera al insulto en cuestión de días y el espíritu deportivo deja paso al dinero. Por eso es admirable, pasados 80 años, que aún haya quién honre la memoria de uno de los suyos. John Thomson, un hombre que dejó este mundo en 1931, pero cuya familia, la de los aficionados del Celtic, aún no ha olvidado.
Orígenes
John Thomson nació en la minera Kirkcaldy, un 28 de enero de 1909. Las minas fueron, antes del fútbol, su principal dedicación. Hijo de protestantes, fue devoto seguidor de la Iglesia iniciada por Martín Lutero, un hecho que significó una rareza cuando ingresó en el Celtic, cuyos jugadores eran mayoritariamente católicos seguidores de la Iglesia de Roma. Johnny, como le llamaban sus más allegados, tuvo una carrera meteórica, pero el principio de esta, fue pura casualidad. Después de sólo dos temporadas jugando al fútbol, su talento empezó a llamar la atención de la prensa, cuando defendía la meta de los Wellesley Juniors, pese a ello, el Celtic no se fijó en él. Willie Maley, histórico entrenador del Celtic, mandó a su mejor scout, Steve Callaghan, a ver un partido del portero del Denbeath Star, rival esa tarde del equipo de Thomson. Callaghan cumplió con su misión, pero quedó aún más impresionado por un meta larguirucho, delgado, que no llegaba al 1,80 de estatura. Ese partido fue la puerta de entrada al Celtic para Thomson, que en octubre de 1926, con solo 17 años firmó por los Bhoys en un fichaje que costó 10 libras al equipo de Glasgow.
Ascenso a la portería del Celtic
Maley sabía cuidar a los jóvenes talentos, y no dio las riendas de la portería a Thomson hasta pasados unos meses. Tres errores del portero titular del Celtic, Peter Shevlin, en un partido que el equipo de Maley ganó 6-3 al Brechin City pese a los fallos de su portero, hicieron pensar al entrenador en dar la alternativa por primera vez al joven aprendiz John. Con 18 años, Thomson debutó ante el Dundee y no dejó la portería en propiedad de nadie más a partir de entonces, en su primera temporada ayudó a su equipo a quedar segundo en la liga (cabe recordar que el dominio del Old Firm no era tan tiránico como en la época contemporánea). Al año siguiente el conjunto de Maley  se impondría en la final de copa al East Fife, el 3-1 dio el torneo al Celtic, el primer trofeo para Thomson, que tardó poco en probar las mieles del triunfo.
Su éxito se basaba, según su biógrafo Tom Greig “en sus buenos atributos físicos para parar y agarrar balones: tenía unos dedos fuertes y esbeltos y unas muñecas y antebrazos muy potentes”. Su compañero de equipo, Jimmy McGrory, máximo goleador en la historia del Celtic, disipó las dudas sobre el físico del portero, aparentemente endeble por su estatura y el tamaño pequeño de sus manos. El escocés, autor de más de 500 tantos con la camiseta del Celtic, afirmó que su compañero tenía “manos de artista”. Desmond White, presidente del club, le describió como “un hombre que hacía paradas muy ágiles, como si fueran de ballet, tenía la habilidad de erigirse en el aire por encima del resto de jugadores para capturar los balones. Eso, junto a su agilidad en la portería, colaboró a que se hiciera un lugar en los corazones de los aficionados del Celtic”. Más allá de las habilidades comentadas por estos testimonios, lo que hizo sobresalir al nombrado popularmente como “príncipe de la portería” fue su valentía, el compromiso teñido de amor por la camiseta que defendía, esto conllevó, como no podría ser de otra manera en un deporte de contacto, algunas lesiones para el jugador de Fife. 
En febrero de 1930, tras un partido ante el Airdrieonians, sufrió una fractura en la mandíbula, perdió dos dientes, se dañó la clavícula y se fracturó varias costillas. Todas estas lesiones fueron el resultado de una estirada para defender su meta, fueron un aviso (que él no escuchó) para que cesara en su actitud valiente en la portería. Thomson se recuperó de sus lesiones, volvió a su buen estado de forma y alcanzó su segundo trofeo cuando el Celtic se impuso en el replay de la final de la Cup escocesa ante el Motherwell (4-2). Eran los mejores años de un chico salido de una humilde villa escocesa, y que ahora jugaba ante millares de espectadores en grandes estadios como Hampden Park, donde 105 000 espectadores le vieron en la victoriosa final de Copa de 1931. Por aquel entonces Thomson ya era internacional, en su debut ante Francia, Escocia logró la victoria por 2-0. El meta también fue capaz de mantener su portería a 0 ante otros rivales como la odiada Inglaterra o la vecina Irlanda. Sólo tenía cuatro “caps” (gorras que se entregaban al jugador cada vez que jugaba un partido con la selección), pero estaba claro que con el paso de los años, Thomson amontonaría muchas más.
Fallecimiento sobre el terreno de juego
Era otra gran ocasión. Otro gran partido en el que lucirse. 80 000 espectadores presenciaban en Ibrox Park el duelo entre Celtic y Rangers un 5 de setiembre de 1931. En un igualado compromiso, Thomson pagó su afán por conseguir la victoria, la competitividad y el espíritu de superación, que le habían llevado a lo más alto, segaron la vida de un chico que sólo contaba con 22 años de edad. Un balón al área iba encaminado a ser controlado por Sam English, delantero del Rangers, pero el portero se interpuso con buenos reflejos para recoger el balón dividido, no tuvo reparo en enfrentarse físicamente al delantero norirlandés, se lo llevó por delante, mientras la pelota se dirigía hacia la línea de fondo. Una vez más había cumplido con su trabajo de defender la portería. Nunca más se levantó.
El contacto con la rodilla de English provocó una fractura en el cráneo de Thomson, que quedó inmóvil en el terreno de juego mientras un grito horrorizado en la grada había entendido la gravedad del momento. Aparentemente, la mujer que chilló fue Margaret Findlay, que acompañaba esa tarde a Jim Thomson, hermano del guardameta que había asistido ese día a ver el que sería el último partido de John. A las 21:25, después de horas en el hospital, la lucha de Thomson cesó y  el corazón de aquel cuerpo joven que caminaba hacia la gloria dejó de latir. Sam English, delantero que mató involuntariamente a su rival, marchó del Rangers hacia Inglaterra, rumbo al Liverpool, siete años después se retiró, reconociendo que, mentalmente, no había disfrutado del deporte después del incidente con el malogrado portero del Celtic. El funeral en Cardenden, el pueblo donde Thomson vivió cuando era niño, acogió a 30 000 personas que quisieron despedir a un chico que pudo haber marcado una época. 
Reconocimiento
En 2008, el portero entró en el Hall of Fame del fútbol escocés. Otra organización, la John Thomson Memorial, se encarga de que su memoria se mantenga vigente para todos los aficionados del fútbol escocés organizando torneos entre los niños de los distritos de Cardenden y Kinglassie. En 2011, con motivo del 80º aniversario de su muerte, se organizó un peregrinaje desde Celtic Park hacia Cardenden, donde se encuentra la tumba de Thomson, que dice acertadamente “They never die who live in the hearts they leave behind” (Nunca mueren los que viven en los corazones de aquellos a quienes dejaron atrás).
Thomson pudo escribir muchas más páginas doradas dentro del fútbol escocés y europeo, pero una jugada desgraciada acabó con su carrera y su vida, pero no con su memoria, ni su recuerdo, que permanecen a través de la gente, y las canciones que los Bhoys le dedican. Celtic Park recuerdo a un hombre, cuya habilidad y desgracia le convirtieron en leyenda para siempre. Una canción popular entre los hinchas del Celtic así lo certifica, animando a los suyos a jugar bien y ganar, para honrar al difunto, aún en mente de todos, 80 años después de su sepultura.
So come all you Glasgow Celtic, (Vamos Glasgow Celtic)
Stand up and play the game, (Levantaos y jugad el partido)
For between your posts there stands a ghost, (Pues hay un fantasma entre vuestros postes)
Johnny Thomson is his name. (Su nombre es Johnny Thomson)


Fuente:www.vavel.com

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